La sociedad ya no puede decir que no sabe lo que pasaba. A 300 metros, mientras se gritaban los goles, en la ESMA picaneaban personas, casi todos jóvenes militantes políticos y opositores a la dictadura. De los gritos de la euforia a los gritos del dolor sólo habían metros. Durante el Mundial, los medios -para variar- jugaron un papel miserable.
Empecemos con Clarín y una nota titulada "Atribuciones de una visita", escrita por Ricardo Kirschbaum, su actual editor general: "En un comunicado oficial, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos afirmó que necesita de una información precisa sobre 'las actividades que podría desarrollar durante su permanencia en territorio argentino a fin de determinar si las condiciones e la visita le permite cumplir adecuadamente su mandato'".
Un editorial del día posterior a que la selección argentina ganara la copa, "el gran diario argentino" publicó un editorial titulado "Una victoria trascendental" y comenzaba así: "Ese triunfalismo es una novedad en un país que, como la Argentina, ha estado inmerso demasiado tiempo en la frustración, la derrota o el extremo dolor. No es sólo un mecanismo de compensación -lo cual por otra parte hubiera resultado absolutamente legítimo- sino algo más: la voluntad de dar vuelta el guante, de hacer borrón y cuenta nueva".
En la revista "Argentina ante el mundo" (¿?) un artículo escrito por Mauro Viale y Marcelo Araujo decía: "Los periodistas argentinos que tuvimos que convivir con nuestros colegas extranjeros durante esos días pudimos comprobar cómo en los más honestos de ellos (!) -afortunadamente la mayoría- (!!) se disolvían los prejuicios que traían de sus países merced a la insidiosa propaganda motorizada por las organizaciones subversivas y los ingenuos de siempre" (!!!).
Pasaron 30 años y, como vemos, muchos de los periodistas que publicaban estas cosas aún trabajan en los medios. Y en casos como el de Clarín (que por atrás hacía el meganegociado de Papel Prensa SA) es muy... "interesante", porque si antes hablaba de hacer "borrón y cuenta nueva" o Kirschbaum cuestionaba las "atribuciones" que pedían los organismos de Derechos Humanos, hoy habla de "repudiar a los dictadores"que festejaban los goles mientras a metros de allí "decenas de personas eran torturadas". Pasaron tres décadas, pero el oportunismo político de los medios se mantiene.
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